Esta semana vino la cartera a traer un paquete. Me encontró concentrado tocando cadencias al piano. Tuve que salir a abrir la puerta de la calle, donde mantuvimos la típica conversación sobre identidades y procedimientos, pues el paquete estaba a nombre de mi madre y mío. Mientras firmaba en la máquina de Correos, la cartera me dijo “tienes la misma voz que tu padre”.

“Tienes la misma voz que tu padre”, dijo la cartera mientras yo firmaba en la maquinita de Correos. Habíamos mantenido una corta conversación sobre mi identidad y los destinatarios del paquete, y yo estaba algo distraído, porque el timbre me había sacado de una rueda de transporte al piano. Me sentí halagado. “Me acuerdo de él, de cuando venía a entregarle el correo…” aclaró con ojos tristes cuando levanté la mirada de la pantalla a su rostro. Apenas acerté a decir gracias mientras ella se alejaba sin darme la oportunidad de preguntar.

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Subí las escaleras observando el remite: Eduardo Fraile. Dentro, su libro “Me asomo a la ventana y pasa un ángel”. En la página 63, un retrato de mi padre.

¿…?

Álvaro Barriuso

 

 

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