¡Heeyyyyaaa!

El viernes pasado aluciné con Rosalía Mowgli. Tocamos juntos en el TAIO doyo  y me pasé sonriendo más de una canción y las otras flipando en colores con la fuerza y personalidad de esta mujer. Nos sentamos uno frente al otro, en un eje del círculo que formábamos con el público. Muy sueltos, improvisando y echándonos cantes, descubrí que puedo hacer “Ante la luna” tumbado en el suelo como un gatico con la guitarra panza arriba.

 Mientras preparaba el concierto encontré caminos en mi guitarra para acompañar la canción “Vengo de moler” una de mis favoritas en el cancionero folclórico castellano: si me preguntan por una así, de mi folclore, suelo pensar en esta, tal vez por oírsela cantar a mi padre en alguna fiiesta especial. Quizás en aquella noche de San Juan en el molino del Cantarín que fue la primera que recuerdo. En su día la recogió Agapito Marazuela en sus grabaciones.

Tiene algo que me engancha bien hondo, pero no es una canción sencilla de entender, ni de hacer: el compás es de 5 tiempos y la melodía modula entre un modo mayor con la sexta bemol y el modo menor de la subdominante (y corrijanme si me equivoco, porque no se lo he preguntado a mis profes de armonía). Aún así tengo unos acordes para ella, aunque no la termino de entender, como no termino de entender la letra, porque nunca he venido de moler ni he conocido molinera, pero la amo igual, a la canción. No tengo grabación del concierto en el doyo, pero no me cortaré de enlazar aquí la megaenergética versión de los Coetus con el gran Eliseo.

 

Rosalía y yo la enlazamos con este Perantón de Salamanca que también va en 5 y también gasta su picardía. Ella toca el pandero cuadrado con la misma potencia que los de arriba, y para mi fue todo un regalo. ¡Gracias, maestra!

 

 

Gracias también al TAIO por acogernos, a la gente que vino e estar con nosotrs y hacer que siga teniendo sentido todo esto. A los que no conocía  y a los que habéis repetido.

¡Hasta la próxima!

 

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